A sido una necesidad para la humanidad desde la más remota antigüedad, cuando el ser humano se desplazaba de un lugar a otro en busca de medios de subsistencia o para eludir a enemigos humanos o naturales, recorriendo de esta forma el planeta. Históricamente, las migraciones han cambiado totalmente el aspecto de los países, influyendo en su composición racial, lingüística y cultural, así como otros cambios importantes de gran repercusión.
Durante miles de años, los seres humanos iban extendiéndose hacia nuevos territorios, a medida que la población aumentaba y necesitaban nuevos espacios en los que obtener recursos, especialmente, alimenticios. No podríamos entonces hablar de una verdadera inmigración, ya que este término se refiere a la denominación de los recién llegados a un lugar por parte de los que ya residían en ese lugar. Los centros poblados eran muy pequeños y estaban rodeados por las tierras de donde obtenían su subsistencia.
Podemos decir que los conceptos relacionados con la inmigración surgen en la Edad Antigua con la fundación y desarrollo de colonias en el Mediterráneo, por parte de las ciudades fenicias, griegas, cartaginesas y romanas, aunque en este último caso, el proceso de ocupación del territorio adquirió un sentido distinto, ya que existió la formación de una institución político-territorial mucho más parecida a la de los estados nacionales surgidos en la Edad Moderna que, dicho sea de paso, se inspiraron en gran parte en el legado jurídico y forma de gobierno del Imperio romano (por ejemplo, el Imperio carolingio y el Sacro Imperio Romano Germánico). En la época del Imperio romano ya podía hablarse de inmigración como lo entendemos ahora: Mérida, por ejemplo, con el nombre de Emerita Augusta, fue fundada con soldados licenciados del ejército romano (de ahí el nombre de Emerita ya que el nombre romano para los soldados desmovilizados era el de eméritos o jubilados). Pero como la ciudad ya existía desde antes, sus habitantes aceptaron esa "inmigración" a cambio de recibir el título de "ciudadanos" romanos.
Hace mil quinientos años, en lo que actualmente conocemos como Moscú, no había un sólo ruso, en Hungría no había un sólo húngaro, en Turquía no había turcos, España empezaba a ser visigoda, en América sólo vivían indígenas, en Australia sólo polinesios y melanesios, en la región de Kosovo vivían en forma minoritaria los albaneses, lo que hace todavía más complejo el término desde el punto de vista histórico.
Y las invasiones bárbaras, que marcan el fin de la Edad Antigua y el comienzo de la Edad Media, constituyeron un buen ejemplo para explicar el rechazo de la población nativa de un lugar a gente procedente de otros lugares, sobre todo por el hecho de que no se trata de una verdadera inmigración sino de un proceso de invasión y conquista.